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Louis Kahn: muro, vano y columna

Entre lecturas de arquitectura, críticas acerca del diseño, del pensamiento estratégico y de la planificación, aparecen siempre las lecturas inspiradoras de los grandes maestros. Hoy, como hace más de cuarenta años, el genio de Louis Kahn deleita con una historia acerca de tres elementos básicos de la composición arquitectónica: el muro, el vano y la columna.

National Assembly; Dacca, Bangladesh. 1962-1974.

National Assembly; Dacca, Bangladesh. 1962-1974.

En el reino de lo increíble se halla

lo maravilloso del nacimiento de una columna.

Del muro nace la columna.

El muro hizo bien al hombre.

Con su grosor y su fuerza

lo protegió de la destrucción.

Pero pronto, la voluntad de mirar hacia fuera

hizo que el hombre agujereara el muro,

y al muro le dolió mucho, y dijo,

“¿Por qué me haces esto?

Yo te protegí; te hice sentir seguro,

¡y ahora me atraviesas con un agujero!”

Y el hombre respondió, “¡Pero ahora veré el exterior!

Veo cosas maravillosas ahí fuera,

y quiero mirarlas”.

Y el muro continuó sintiéndose muy triste.

Más tarde, el hombre dejó de agujerear el muro,

e hizo una abertura más perspicaz,

adornada con piedras delicadas,

y puso un dintel sobre la abertura.

Y pronto el muro se sintió bastante bien.

 

Aquella manera de tratar al muro fue el inicio de

un orden en la manera de hacer muros con aberturas.

Después vino la columna,

que era un orden más bien automático,

que decidía que algo se abría,

o que no se abría.

El ritmo de las aberturas decidía entonces el propio muro,

que ya no era un muro,

sino una serie de columnas y de aberturas.

La comprensión de todo ello no surgió de algo natural.

Surgió de un sentido misterioso que el hombre posee para expresar las maravillas del alma que demandan expresión.

 

Tomado de Louis I. Kahn. Conversaciones con estudiantes. Barcelona: Gustavo Gili, 2002. Compilación de charlas del arquitecto con sus estudiantes de la Rice University School of Architecture en 1968.

Basta una historia sencilla para explicar un misterio trascendental del quehacer arquitectónico: la definición de los llenos y los vacíos, de lo solido y lo virtual, de la luz y la sombra.

PROYECTO: Karosta Cultural Centre

Área: Arquitectura y urbanismo. Alcance: Propuesta de Esquema Básico. Localización: Liepaja, Letonia. Dirección: Juan Pablo García. Equipo de trabajo: Juan Gonzalo Bula, Angélica Argel, Gustavo Guerra, Diego Luis García.

García Estefan es una empresa comprometida con el diseño, entendido éste como esa concepción original de un objeto, un elemento, un hecho arquitectónico o un proyecto o plan urbano, destinado a solucionar una necesidad en particular. Así, con esta motivación, la empresa participó entre los meses de octubre y noviembre del año anterior, en un concurso de ideas para la renovación urbana y el diseño de un centro cultural en la zona de Karosta, en la ciudad de Liepaja (Letonia), el Ghost Town Challenge.

El punto de partida fue el interés de las entidades organizadoras de la convocatoria en mejorar las condiciones urbanísticas de una zona de la ciudad destinada originalmente a la actividad naval y militar. Karosta, en su origen, fue concebida como una base de operaciones en el Mar Báltico de la Rusia zarista de fines del siglo XIX; con esa lógica fue evolucionando durante los primeros años del siglo XX hasta que, en el período entreguerras y tras un breve período de independencia letona, terminó convertida en base de operaciones navales de la Rusia soviética. La arquitectura naval zarista fue complementada entonces con edificaciones de sello soviético, consolidando un conjunto complejo pero mono-funcional, en el que lo naval y militar dominó el paisaje de la zona norte de Liepaja. Tras un largo período de guerra fría y tras la caída del bloque comunista de la Europa Oriental, Letonia recuperó su independencia y el puerto de Karosta fue abandonado por los militares soviéticos. Más de un tercio de la población residente abandonó el lugar, dejando edificios desocupados e infraestructuras subutilizadas que, tras veinte años, presentan hoy un deterioro considerable y la necesidad de su reactivación en la vida de Liepaja.

Karosta, Liepaja, Letonia: Línea de tiempo

Karosta, Liepaja, Letonia: Línea de tiempo

La renovación de las actividades de la zona se pretende entonces desde la recualificación del espacio público y la implantación de un equipamiento de gran escala que atraiga a distintos grupos de la ciudad. La propuesta de García Estefan tiene como punto de partida la consideración de que Liepaja es el corazón del Mar Báltico, cercana y equidistante de prácticamente todos los puertos importantes que sobre este Mar tienen los países de Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia, el Noroccidente ruso, Estonia, Lituania y Polonia; llamada a tomar un rol protagónico en la región.

Liepaja: Corazón del Mar Báltico

Liepaja: Corazón del Mar Báltico

Ya al interior de la ciudad, Karosta, su “barrio” más septentrional luego de haber sido devastado y estar poco habitado por años tiene ahora un futuro promisorio gracias a una renovación intensiva. La propuesta busca rearmar y fortalecer su tejido urbano, hoy difuso entre el tiempo y el tipo de ocupación, a partir de lograr la conexión de los distintos hitos del paisaje, particularmente las edificaciones históricas de la época zarista.

Ciudad de Liepaja

Ciudad de Liepaja

La playa, los rompeolas construidos desde el siglo XIX, las baterías de la costa, la Catedral de San Nicolás, la Torre del Agua, el puente Kalpaka, que une a Karosta con el resto de la ciudad; la antigua escuela de equitación y la famosa Prisión de Karosta, hoy convertida en hotel, conforman una enorme red de hitos urbanos que deberían ser conectados por una serie de senderos en los que predominaría la circulación peatonal y el verde urbano.

Karosta: Conectando los hitos urbanos

Karosta: Conectando los hitos urbanos

Dentro de esa gran estructura de hitos urbanos se insertaría el Centro Cultural de Karosta, el nuevo equipamiento que funcionaría como punto de atracción de otras muchas actividades de la ciudad de Liepaja. La forma arquitectónica propuesta, aunque en procura de representar un futuro y una nueva arquitectura, no puede desligarse de la tradición militar y naval que ha heredado la ciudad, de su relación con esa época zarista y esa época soviética; así, a partir de la reinterpretación de algunos elementos de la arquitectura militar, se pretende convertir las armas en libros y los disparos en notas musicales; de la guerra al arte, de un pasado militar a un futuro cultural.

Centro Cultural de Karosta: Acceso norte

Centro Cultural de Karosta: Acceso norte

El objetivo final es evitar al máximo el desperdicio de energía y las obras innecesarias, por lo que no se prevé la demolición de ninguno de los antiguos bloques residenciales del conjunto, por el contrario, la idea es reutilizarlos con nuevos usos, complementarios a la nueva actividad turística de Karosta; asimismo, se prevé utilizar las grandes áreas verdes existentes como parques para los habitantes del lugar y reconducir los flujos vehiculares sin necesidad de demoler edificaciones.

Karosta: Conexiones, espacio público y actividades

Karosta: Conexiones, espacio público y actividades

La edificación en sí es una gran fortaleza en la que predomina una gran plaza de armas, representada en una plaza de uso múltiple elevada del suelo unos tres metros, bajo la cual se desarrollan actividades de servicio y estacionamientos. Tal plaza es rodeada de las diferentes dependencias del Centro Cultural: la biblioteca a manera de polvorín, y el centro de exposiciones, los auditorios, el restaurante y el sitio de información turística, como baterías defensivas del conjunto. Toda la edificación estaría rodeada de una serie de plazoletas, circulaciones vehiculares y estacionamientos que, a manera de foso, separan al edificio de las vías que lo rodean y de los “grandes buques” representados en los bloques residenciales soviéticos.

Centro Cultural de Karosta: vista de conjunto

Centro Cultural de Karosta: Vista de conjunto

Tanto la propuesta para el conjunto de Karosta como para la edificación del Centro Cultural busca su origen en la misma historia militar y naval de esta zona de la ciudad, procurando, a partir de decisiones sencillas pero contundentes, la articulación de sus elementos con el funcionamiento de Liepaja.

Centro Cultural de Karosta: Memoria arquitectónica

Centro Cultural de Karosta: Memoria arquitectónica

Para García Estefan fue de enorme interés participar en un evento de esta magnitud en un contexto que, aunque lejano geográficamente, es cercano en cuanto a muchas de las situaciones urbanas que pueden verse en nuestras ciudades: deterioro urbano, abandono de estructuras, identidad urbana, redes viales inconclusas, espacio público de baja calidad, entre otras tantas. La experiencia recogida queda en el bagaje de la empresa para el emprendimiento de nuevos proyectos de esta misma índole.

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Referencias

Ghost Town Challenge

http://www.homemadedessert.org/ghoststown-finale-6

 

Concursos de arquitectura y diseño

La actividad del arquitecto es múltiple y compleja. Desde todo aquello relacionado con la obra civil, hasta la aparente sencillez de resolver un problema de diseño arquitectónico. Sin embargo, la sola capacidad de abordar tal variedad de problemas de diseño, desde el simple refugio que constituye la vivienda más sencilla hasta el complejo programa arquitectónico que podría significar un hospital, por ejemplo, demanda el manejo de una gran cantidad de ideas y conceptos de un valor inconmensurable.

Es precisamente en el mundo de esas ideas en el que se mueve el arquitecto que se dedica al diseño; a la concepción de obras de arquitectura, tanto en su esquema general como en los detalles más mínimos, y es en ese plano, el de las ideas, en el que su trabajo debería ser valorado.

El concurso de arquitectura es la figura que por antonomasia mejor valora la importancia de las ideas. Al tratarse de un proceso generalmente anónimo no hay cabida a que otros criterios entren a mediar en la decisión para escoger el mejor proyecto: no importa la experiencia, las influencias, o el capital del proponente; lo que importa es la contundencia de sus ideas.

Dicho de manera sencilla, el concurso de arquitectura es el procedimiento por medio del cual se selecciona un esquema básico o un anteproyecto arquitectónico para suscribir con el arquitecto ganador un contrato de consultoría, para la elaboración del diseño de anteproyecto y/o proyecto arquitectónico, u otorgar un reconocimiento por el valor de una idea arquitectónica o urbanística.

La principal ventaja de un concurso, por encima de un contrato tradicional, está en que lo que se premia es la idea más acertada y la solución más pertinente. O, por lo menos, se decide sobre muchas propuestas concretas y no simplemente sobre la experiencia o la capacidad económica del proponente. Poner en juego unos criterios de diseño arquitectónico es mucho más exigente que demostrar una capacidad técnica y financiera.

Con la figura del concurso, la entidad promotora del proyecto tiene la posibilidad de escoger la propuesta de diseño más económica, funcional y que más se adapte a sus necesidades y expectativas entre un número significativo de opciones. Es precisamente esta la ventaja que debería tener la ciudad cada vez que se desarrolla un proyecto público: la posibilidad de escoger el mejor proyecto, producto de la mejor idea, no de la empresa más grande.

García Estefan, como empresa, valora las iniciativas públicas que parten de la figura del concurso arquitectónico como método para escoger las mejores propuestas. Confiando en la transparencia de estos procesos, nos presentamos con cierta regularidad a tales convocatorias con el ánimo de medir nuestras ideas de diseño frente a fuertes competidores y, por supuesto, esperando acceder a trabajos de arquitectura en lugares distintos al de nuestra ciudad sede.

Es en la pluralidad del concurso arquitectónico que surgen las mejores soluciones de diseño para la ciudad.

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Referencias.

Sociedad Colombiana de Arquitectos.

http://www.sociedadcolombianadearquitectos.org/site/index.php?option=com_content&view=article&id=46&Itemid=189

Vivenda gratis

Es noticia en Colombia, en tiempos recientes, el sinfín de proyectos de vivienda que se están promoviendo desde el mismo Gobierno Nacional. “Casa gratis” es lo que aparece en los titulares de prensa, desde lo que muestran los diarios de circulación nacional, hasta los comunicados que emite el mismo Ministerio de Vivienda.

Todo comienza con uno de los programas bandera de la Presidencia de la República: el programa de las 100 mil viviendas gratis. Según se describe en la página del Ministerio, es la “[…] respuesta del Gobierno Nacional a la realidad de miles de hogares que viven en situación de extrema pobreza y, por lo tanto, no logran acceder a un crédito para obtener su vivienda por los mecanismos tradicionales que ofrece el mercado.” Como su nombre lo dice, el objetivo del programa es entregar las 100 mil unidades de vivienda en un corto período de dos años; principalmente a familias desplazadas, a hogares afectados por desastres naturales o que habiten en zonas de alto riesgo. Finalmente, el Gobierno pretende articular el trabajo entre el sector público y privado, “[…] para definir un método de selección objetivo, ágil y transparente de los diseñadores, constructores e interventores de las obras.”

El programa tiene su propia página web, en la que se muestran los proyectos en curso y su correspondiente localización, se describe el programa tal y como aparece en la página del Ministerio y se puede acceder a la legislación, decreto y resolución que da el marco jurídico al programa.

Asalta entonces la pregunta, ¿qué pasa con la arquitectura? ¿Dónde está lo que llamaríamos el “marco arquitectónico”? Son casas, 100 mil. No pocas. Por lo que sorprende aquí que en ninguna parte se considere siquiera algún aspecto relacionado con las características del espacio de las mismas, características mínimas, sostenibilidad, condiciones bioclimáticas; nada. Parecen ser entonces viviendas construidas desde el derecho y no desde la arquitectura.

Hasta donde sabemos, la construcción de la vivienda siempre ha sido trabajo de arquitectos, su diseño, sus características espaciales, su materialidad, su habitabilidad, todo eso, desde tiempos milenarios, ha sido mucho más importante que los aspectos legales o económicos. Existen, sí, en la página del ministerio una serie de guías acerca de la construcción de vivienda de interés social pero, si su aplicación da como resultado los proyectos que está entregando el gobierno, algo no debe estar andando bien.

Basta con dar un breve repaso a las fotografías de los proyectos entregados para darse una idea de las condiciones arquitectónicas y urbanísticas de los mismos. Edificios y casas en serie, muy parecidos entre sí en todas las latitudes y altitudes, con espacio público de dudosa calidad; todo un homenaje a la cantidad sobre la calidad.

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Valledupar (Cesar)

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Manatí (Atlántico)

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Soacha (Cundinamarca)

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Jamundí (Valle)

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Soledad (Atlántico)

Criterios técnicos y jurídicos para la escogencia de quienes desarrollan los distintos proyectos de vivienda, debe haber. Así como seguramente existe un proceso transparente para determinar la ejecución de las obras. Lo que no parece haber es un criterio claro, o si lo hay es desastrozo, para seleccionar la mejor propuesta arquitectónica y urbanística.

La vivienda no puede ser un tema tratado desde lo jurídico y económico, definiendo apenas topes de precio, viéndola como un negocio más en el que un promotor privado puede obtener ganancia. La vivienda social es un tema delicado, que amerita un mercado especial y un tratamiento adecuado, con un enfoque más arquitectónico que jurídico.

 

Vehículos automotores

Desde la aparición del primer vehículo automotor, en algún momento de la segunda mitad del siglo XIX, y luego de su posterior masificación a lo largo de la primera mitad del siglo XX; las ciudades han venido experimentando una transformación progresiva de sus infraestructuras. La ciudad humana, aquella en la que la circulación se basaba en una sencilla combinación de medios de transporte, a pie o en carros tirados por animales, es hoy parte del pasado de la humanidad y abrió paso a la ciudad de los automóviles.

La aparición del invento generó en su momento cambios en las relaciones mismas de la ciudad construida. La movilidad se veía favorecida por la aparición de un vehículo que no necesitaba animales para moverse; la accesibilidad a casi cualquier parte, desde la casa al lugar de trabajo, el campo y entre ciudades; la facilidad de llegar a más lugares en menos tiempo y, por supuesto, lo asequible que podía resultar el vehículo dentro de un sistema de producción en masa.

Como todo invento revolucionario éste generó cambios en el desarrollo urbano y en la economía. La sola producción de un vehículo automotor requería de manos trabajadores, generando entonces oportunidades de empleo, y ampliando aún más la base de la población obrera de las ciudades que ya existía desde la revolución industrial. De igual forma, la ingeniería, la arquitectura y el urbanismo hubieron de volcar muchos de sus intereses hacia el diseño de espacios para el vehículo.

Gracias al vehículo automotor y a la facilidad de desplazamiento que éste otorgaba, la ciudad pudo extenderse aún más en el territorio. Las vías debieron entonces ensancharse, los pavimentos evolucionaron para permitir un mejor rodamiento, apareciendo entonces en la escena urbana las avenidas, las autopistas, los intercambiadores viales, los viaductos, y demás estructuras. La ciudad cambió su fisionomía para siempre, dejando al nuevo integrante de la vida urbana todo el protagonismo.

Así es como, entonces, aparece otra necesidad: los estacionamientos. Cuando el vehículo no anda ni ocupa las vías que para él se construyeron, debe entonces estacionarse. ¿Pero dónde? Si a duras penas las ciudades habían concebido espacios para permitirles circular era muy difícil que tuvieran también suficiente espacio para guardarlos a todos.

El problema entonces es universal, común a todas las ciudades. Así, aparecieron las normas urbanísticas entonces exigiendo también considerar el problema del estacionamiento como un problema arquitectónico y urbanístico más. Ya no se trataba solamente de considerar la altura de la edificación, sus rasgos tipológicos de fachada y volumetría sino el espacio que se destinara a estacionamientos.

Curiosamente, la evolución que ha tenido la ciudad con respecto a estos temas, parece haber llegado a Montería muy tarde, casi 100 años después de la irrupción del problema; o pareciera que nunca llegó.

¿Dónde están los estacionamientos para vehículos en los edificios de Montería? Día a día se construyen nuevas edificaciones de oficinas o locales comerciales, en el área céntrica, en el norte, en el sur, y los arquitectos siguen dejándole el problema al espacio público, a la ciudad… ¿Es que no conocen la norma? Que dice que por cada tantos metros cuadrados debe haber un estacionamiento, o que dice que los estacionamientos no deben ocupar espacios de uso público. ¿O es que no saben que es el sentido común? Un vehículo estacionado en espacios para circular es un vehículo que va a afectar la movilidad; un vehículo de un propietario privado ocupando un espacio de uso público, es un abuso. Un edificio mal diseñado en términos de estacionamientos y relación con el vehículo es un daño enorme a la ciudad.

El vehículo automotor llegó hace tiempos a las ciudades y es hora de que por fin en Montería entendamos que este nuevo actor urbano ocupa mucho espacio; es costoso y no es asequible para todos. Debemos entonces entender que la posibilidad de que la ciudad  funcione con los automóviles debe darse, deben generarse esos espacios, de vías, avenidas, intercambiadores, y por supuesto, estacionamientos, pero sin afectar a los demás actores, al peatón, al ciclista.

Hay entonces que cumplir la norma y aplicar el sentido común y la ética. Así de simple, así de fácil.

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